domingo, 27 de octubre de 2013

Reacciones psicológicas en adultos en emergencias y desastres

La OPS (2002, p. 21) afirma que ante una situación anormal, como los desastres, la manifestación  de ciertos sentimientos y reacciones son comunes, mas cada persona es diferente y suele responder de distinta manera, en base a su propia percepción y al significado que le otorgue a ésta.

La determinación de patrones sociales y culturales contribuye a que hombres y mujeres reaccionen de una forma diferente, tal es así que los hombres tienden a reprimir y no dar a conocer sus emociones dolorosas, sentimientos de angustia, miedo, por temor a que se les considere como figuras débiles, mientras que las mujeres suelen ser más expresivas en cuanto a aquello que les causa malestar, por lo que buscan apoyo y comprensión tanto para ellas como para sus hijos (OPS, 2002, p. 23). 

En situaciones de catástrofe, suelen presentarse niveles altos de angustia y tensión en los afectados, como el recuerdo imborrable de lo acontecido. Varias investigaciones han dado cuenta de que sólo algunos individuos han llegado a desarrollar problemas más graves o duraderos; es decir, psicopatologías. Es por ello que es necesario determinar cuáles son las llamadas “respuestas normales o esperadas” y cuáles son “psicopatológicas” que requieren de una intervención.

Mayormente, las intervenciones se han llevado a cabo con personas seriamente afectadas, de manera individual, pero no se han efectuado intervenciones psicosociales a fondo, las cuales podrían ayudar a disminuir las reacciones presentes y hacer que los individuos retornen con mayor prontitud a un estado de equilibrio (OPS, 2002, p. 21).



Según la OPS (2002, p. 24), algunas manifestaciones que se presentan en los adultos después de la ocurrencia de desastres son:
  • Nerviosismo, ansiedad.
  • Tristeza y/o llanto.
  • Ideación suicida.
  • Fatiga.
  • Dificultades para dormir y respirar.
  • Confusión para pensar y/ o problemas de concentración.
  • Problemas de memoria.
  • Disminución de la higiene personal.
  • Cambios en los hábitos alimenticios.
  • Culpabilizar a otros.
  • Frustración.
  • Desorientación en tiempo y lugar.
  • Problemas laborales y familiares.
  • Sentimiento de impotencia.
  • Sentimiento de soledad o abandono.
  • Intensa preocupación por otros.
  • Dificultad para retornar al nivel normal de actividad.
  • Inseguridad.
  • Miedo, pánico.
  • Dolores de cabeza, taquicardia.


RECOMENDACIONES ÚTILES PARA LOS AFECTADOS:
  • Buscar compañía y hablar, compartir sentimientos y pensamientos con otros.
  • Escuchar y ayudar a otros.
  • Permitirse sentirse mal, deprimido o indiferente. 
  • Ejecutar ejercicios físicos y de relajación.
  • Estructurar el tiempo y mantenerse ocupado.
  • Evitar el consumo de sustancias psicoactivas para evadir el dolor o sufrimiento.
  • Realizar actividades que le causen bienestar, alegría y le hagan sentires útil y solidario.
  • Descansar lo necesario.
  • Llevar una dieta alimenticia adecuada.
  • Comprender que los sueños y pensamientos recurrentes acerca del evento traumático son normales y deben ser compartidos.
  • Tratar de mantener un itinerario de vida lo más normal posible.


  • Escucharlos detenidamente y acompañarlos.
  • Promover ayuda y solidaridad.
  • Fortalecer vínculos entre familiares y amigos.
  • Proveer información suficiente.
  • Fomentar la participación de los afectados en las tareas de la vida cotidiana.
  • Comprender y aceptar el enojo y otros sentimientos de los afectados.
  • Decirles: “Tú no estás solo, cuentas conmigo”.


 Entre los trastornos psíquicos más frecuentes cabe mencionar: Depresión, ansiedad, trastorno por estrés agudo y trastorno por estrés postraumático.




REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
OPS. (2002). Protección de la salud mental en situaciones de desastres y emergencias. Recuperado de: http://www.counselingamericas.org/pdf/libros/03_LibroProtecciondelaSaludMental.pdf


Reacciones psicológicas en adultos mayores en emergencias y desastres

De acuerdo con la OPS (2010), los adultos mayores “pueden ser especialmente vulnerables durante e inmediatamente después de un evento crítico. Es más probable que tengan impedimentos  físicos, vivan solos y carezcan de ayuda y de otros recursos. Pueden tener que afrontar el shock de perder todo lo que habían conseguido en la vida: casa, familia, empleo y seguridad” (p. 22).


La Fundación Geriátrica de Salud Mental – Geriatric Mental Health Foundation (2009) coincide con la OPS  al decir que la pérdida de posesiones valiosas, de los recursos para desplazarse, de los bienes inmuebles y de la cotidianeidad de la vida diaria puede repercutir de manera irremediable en sus vidas. 
  

No obstante, algunos adultos mayores han demostrado en experiencias pasadas que están preparados y cuentan con excelentes habilidades para hacer frente a las catástrofes, como su capacidad de adaptación y su experiencia al haber atravesado y sobrellevado diversas situaciones críticas a lo largo de su vida.

“Es necesario tener en cuenta las características propias del adulto mayor. En algunas culturas los ancianos son fuente de experiencia y sabiduría y son la memoria histórica de cómo las poblaciones, a lo largo del tiempo, han afrontado situaciones críticas; poseen un sentido de identidad, arraigo, así como de pertenencia y preservación de la cultura. Suelen ser un eje unificador al interior de la familia y la comunidad. Son personas que tienen conocimientos sobre métodos tradicionales de curación, apoyan, contienen y dan seguridad a los niños. Los ancianos transmiten experiencias a través de historias, cuentos y canciones; estas generalmente llevan un mensaje positivo de afrontamiento de las situaciones difíciles” (OPS, 2002, p.23).

A pesar de ello, las intervenciones con adultos mayores también han puesto en evidencia aspectos de exclusión; algunos se encuentran aislados, no cuentan con redes de apoyo, son percibidos como una carga para sus familiares, no son considerados como agentes activos ni productivos, no se les informa sobre los sucesos que ocurren para no "preocuparlos o angustiarlos" y se toman decisiones sobre sus vidas y pertenencias, sin preguntarles (OPS, 2002, p.23).



Entre las reacciones típicas en los adultos mayores se encuentran (OPS, 2010, p. 23):
  • Aumento de los recuerdos relacionados con el pasado y las amistades, deseo de volver a conectarse con ellos.
  • Mayor dependencia de la familia y rechazo de la asistencia proveniente de las autoridades.
  • Miedo a morir.
  • Visión deprimente del futuro, pues se considera que nada volverá a ser así de maravilloso como lo era antes de la catástrofe.
  • Regresión temporal a un estado previo, que resulta peor.
  • Sentimiento de múltiples pérdidas.
  • Desorientación a causa de la interrupción de la rutina.
  • Utilización de la negación como reacción defensiva normal.
  • Reacción inmediata de miedo, seguida de ira y frustración al no ser capaces de controlar la situación.
  • Dificultades de concentración y comunicación.
  • Reacciones fisiológicas, como trastornos del sueño y del apetito.


Ante la ocurrencia de un desastre, los adultos mayores son los más expuestos a sufrir enfermedades, incluso la muerte. Sobre todo, son más vulnerables  aquellos con discapacidades físicas o psíquicas. Es por ello, que necesitan contar con redes de apoyo para reducir los efectos del estrés y acentuar el bienestar emocional y su pronta recuperación. En estas circunstancias, resulta necesario entender que muchos de ellos se enfrentan no sólo a la pérdida de seres queridos, sino también de sus propias capacidades físicas y de su autonomía (Geriatric Mental Health Foundation, 2009).

FACTORES QUE PUEDEN INCREMENTAR EL RIESGO DE SUFRIR ENFERMEDADES FRENTE A UNA CATÁSTROFE

Según la Geriatric Mental Health Foundation (2009) entre los principlaes cabe mencionar:
  • Problemas de visión o audición pueden ocasionar lesiones al desplazarse por entornos desconocidos.
  • Discapacidades físicas y limitaciones en la movilidad pueden impedir o retardar el proceso de evacuación.
  • Imposibilidad de acceder a medicamentos prescritos o tratamientos para personas con diálisis o quimioterapia.
  • La ausencia de miembros de la familia o personal de apoyo en sus hogares.
  • Barreras para recibir ayuda financiera en catástrofes (procesos complejos o renuencia a solicitar ayuda).
  • Una mudanza forzada puede causar estrés, depresión, acelerando su deterioro o muerte.


ESTRATEGIAS PARA MEJORAR LOS MECANISMOS DE AFRONTAMIENTO:

La OPS (2010, p. 24) da a conocer algunas actividades para reforzar los mecanismos de los adultos mayores para enfrentar una catástrofe, siendo estas:
  • Procurar un entorno seguro.
  • Evitar el aislamiento e identificar los vínculos y relaciones estables.
  • Fomentar la calma, enfatizando que sus reacciones son normales.
  • Hablar del evento de forma objetiva.
  • Brindar apoyo y promover la confianza, facilitando el acceso a los servicios de asistencia.
  • Ayudar a mantener el sentido de identidad y contribuir a preservar la cohesión de la comunidad.
  • Brindar oportunidades que promuevan una sensación de continuidad cultural e histórica, considerando las diferencias culturales.
  • Establecer rutinas.
  • Generar oportunidades que permitan que ellos se sientan útiles y valorados.




REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
Geriatric Mental Health Foundation. (2009). Los adultos mayores: preparación y respuesta. Recuperado de: http://www.gmhfonline.org/gmhf/consumer/disaster_prprdns_es.html
OPS. (2010). Apoyo psicosocial en emergencias y desastres: Guía para equipos de respuesta. Recuperado de: http://api.ning.com/files/953bHOXu9W1Ahxrrln1TQ3DdRPKZf5-fVggPdk83mW9*cTAvj4onWTDWEweLXYRXsPlACTHwwcQ0EW3RH6aa0pxylSX-8Oqz/APOYOPSICOSOCIALENEMERGENCIASHUMANITARIASYDESASTRES.pdf
OPS. (2002). Protección de la salud mental en situaciones de desastres y emergencias. Recuperado de: http://www.counselingamericas.org/pdf/libros/03_LibroProtecciondelaSaludMental.pdf